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El Renacimiento de Tárraco, 1563. Lluís Pons d'Icart y Anton Van den Wyngaerde

Exposiciones

20/09/2003 - 29/02/2004

Museo Arqueológico

A menudo, cuando hablamos del concepto de "Renacimiento", el imaginario nos lleva a una época y a un entorno en que la cultura y el arte clásicos -considerados de manera casi abstracta- ocupan la casi totalidad del interés y de la sensibilidad de la sociedad culta del momento. Se trata, sin ninguna duda, de una percepción excesivamente estereotipada -esteticista y iconográfica- de una realidad a veces más historicista, que -además- se puede concretar en territorios y ciudades alejados de los epicentros culturales de la época.

En el caso de la Tarragona romana, los primeros intentos -sólidos- de interpretación arrancan, también, de este momento y de estas circunstancias: eruditos que, a pesar de tener que empezar prácticamente de cero, afrontan el reto de intentar situar en el sitio que les corresponde las piezas de un pasado que se hace presente en su ciudad y en el territorio que les es próximo y propio. En estas circunstancias, en la Tarragona del siglo XVI confluyeron dos personajes que, en diferentes y complementarios formatos, supieron describir el panorama que ofrecía la ciudad en aquella época anterior a las drásticas reformas urbanísticas posteriores y, por tanto, conservando con una gran pureza, las trazas de la que había sido una de las más importantes ciudades romanas del occidente del Mediterráneo. Uno, Lluís Pons d'Icart, abogado y erudito, originario de Tarragona. El otro, Anton Van den Wyngaerde, pintor especializado en vistas urbanas, flamenco.

Lluís Pons d'Icart fue, sin ninguna duda, una de las personalidades más interesantes de la Tarragona del siglo XVI. Su obra más conocida, el Libro de las grandezas de Tarragona, editado en Lleida el año 1572, representa la primera aproximación arqueológica a la Tarragona romana a través de la compilación de los monumentos y los materiales que él pudo ver en su época.

Anton Van den Wyngaerde se desplazó a la Península Ibérica, como pintor de la corte de Felipe II, con el objetivo de realizar un iventario pictórico de las principales ciudades y puntos fortificados del reino. El pintor visitó la corona catalanoaragonesa el año 1563, en un itinerario que incluyó -entre otras ciudades- Tarragona, donde conoció a Pons d'Icart. Fruto de esta feliz coincidencia, la obra de ambos personajes- literaria la de Pons d'Icart, gráfica la de Van den Wyngaerde- presenta importantes puntos de complementación.

El Renacimiento de Tárraco, 1563: Lluís Pons d'Icart y Anton Van den Wyngaerde quiere ser, entonces, una aproximación al redescubrimiento de la ciudad de Tárraco y un reconocimiento a los que lo hicieron posible.





 
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